“La cultura, ni flota por doquier ni tampoco está estancada. Sin embargo, tal conocimiento sugiere más que un reconocimiento de la cultura como terreno de lucha” (Giroux 1999. pp. 57)
La constitución de 1886, consideraba a los pueblos indígenas como sujetos sin identidad, alma ni razón. Gracias a las presiones del movimiento indígena Colombiano en el marco de su lucha por el territorio, reconocimiento cultural, autonomía; mas la colaboración de los campesinos, universitarios y demás sectores populares, presionaron a que el Estado Colombiano obtuviera una postura diferente con la educación para grupos étnicos y un giro en la Constitución Política de 1991, permitiéndo a un reconocimiento cultural, educativo y administrativo. Posteriormente, en 1994 se dicta la ley 115 conocida como la ley general de educación, en donde se establece criterios para la educación a los pueblos indígenas reglamentada por el decreto 804 de 1995. En el artículo 55 de la ley 115/94, define la etnoeducación como la educación para grupos étnicos pertenecientes a esta nacionalidad, con una cultura, idioma, tradiciones, fueros propios y autóctonos. Esta educación debe estar ligada al ambiente, al proceso de producción, social y cultural, con el debido respeto a sus creencias y tradiciones.
Lo anterior, significa que en nuestras manos ya existe una herramienta importantísima y básica para que la educación ebera chamí de Karmatarua (tierra de pringamosa) empiece a forjar nuevos horizontes; esto implica, retarnos hacia la construcción de una educación apropiada, entendida esta, como el caminar juntos en la recreación, resignificación, redignificación y valoración de nuestra historia de origen, de vida, de todo ese pensamiento y oralidad cultural que se encuentra tejido en los mitos, danzas, cuentos, agüeros, premoniciones, conjuros, territorialidad, flora, fauna, espiritualidad. Esto nos permite darle valor a nuestra existencia, a nuestro significados, es sentirnos útiles e importante en nuevos contextos y desde hay empezar a marcar otras pedagogías que refuerce los planes de estudio, proyectos de aula y educación comunitaria.

Reunión grupo cultural Institución Educativa Karmata Rua
En pocas palabras es un trabajo de conciencia y cambio de actitud sobre lo que somos, sobre todo para los jóvenes del Resguardo quienes son los más propensos a dejarnos llevar por los estilos y costumbres foráneas. Este tipo de educación es necesario e importante insistir en las comunidades, si no, las consecuencias podrían ser más fuertes para las próximas generaciones y lógicamente el sentido de la etnoeducación curricular, tampoco tendría validez ni sería un peldaño político de vida. Sabemos que estamos sujetos a las cadenas del poder, de un sistema que quiere por todos lados aniquilarnos y borrarnos del mapa y que de alguna manera lo viene haciendo. Pero es ahí donde, igual tenemos que sacar a flote nuestro poder, espiritual, pensamiento y memoria oral para utilizarlos en estos tiempos tan fuertes y contradictorios.
He ahí la importancia de descolonizar lo colonializado de desaprender lo aprendido, no quiero decir con esto, que lo de afuera no sirva, al contrario, reconozco que ha habido grandes aportes a nuestros procesos, sin embargo, hay que replantear, clasificar, observar que elementos de lo foráneo nos puede servir y desechar lo inadecuado para nuestros pueblos. Con amor, paciencia, sabiduría y labor mancomunada podemos empezar a caminar poco a poco.
El simple hecho de luchar, te da la posibilidad de seguir respirando, reivindicando, viviendo, sintiendo, de ser tú, un punto importante en este cosmos único y diverso.
Gladis Yagarí.
Magister en educación y gestora cultural
Resguardo Indígena Karmatarua
Jardín, Antioquia.